En los pasillos del Poder Judicial del Estado de Yucatán se respira un ambiente que, para muchos, combina la formalidad institucional con un marcado sello familiar. Tras recientes nombramientos y ascensos en juzgados y tribunales, diversas voces dentro y fuera del sistema han comenzado a cuestionar lo que describen como una “red de parentescos y afinidades políticas” que estaría incidiendo en la estructura del órgano encargado de impartir justicia en la entidad.
Fuentes consultadas por este medio —algunas de ellas jueces y trabajadores judiciales que pidieron el anonimato por temor a represalias— aseguran que en los últimos meses se han registrado movimientos internos que favorecen a familiares directos o cercanos de magistrados, exmagistrados y funcionarios de alto rango dentro del propio Poder Judicial.
“No se trata de una práctica nueva, pero sí de una que se ha intensificado. Hoy parece que el mérito y la carrera judicial pasan a segundo plano frente a los lazos de sangre”, señaló un funcionario judicial con más de dos décadas de servicio.
Nombramientos que levantan cejas
Entre los casos más comentados se encuentran el de nuevos jueces y secretarios de acuerdos que habrían sido designados pese a contar con trayectorias más cortas o con vínculos personales directos con integrantes de la cúpula judicial.
Aunque los procedimientos oficiales se apegan, en apariencia, al marco del Consejo de la Judicatura, fuentes internas aseguran que las evaluaciones y ternas son influenciadas por “recomendaciones” provenientes de altos despachos o familiares de magistrados.
Un exconsejero consultado describió el fenómeno como “una institucionalización del nepotismo”.
“No se trata solo de apellidos; se trata de cómo se cierran las puertas para nuevos perfiles. Si todo queda en familia, el sistema se vuelve endogámico y pierde su legitimidad social.”
El peso de la tradición y la discreción
El Poder Judicial yucateco ha sido históricamente reconocido por su estabilidad administrativa y bajo perfil político, un contraste con otros estados del país donde las pugnas internas son públicas y frecuentes. Sin embargo, ese mismo hermetismo, advierten especialistas, puede convertirse en un terreno fértil para prácticas opacas.
“El problema no es solo quién entra, sino cómo entra y a quién responde. La independencia judicial no se mide por discursos, sino por los procesos de selección y evaluación”, explicó la abogada constitucionalista María Teresa Cervera, profesora de la UADY.
Transparencia y rendición de cuentas
A diferencia de otros poderes, el Judicial mantiene reserva sobre sus procesos internos de selección y promoción, lo que dificulta el escrutinio ciudadano. Los informes anuales, aunque disponibles públicamente, no detallan la relación de parentescos ni los criterios de valoración utilizados en cada nombramiento.
Organizaciones civiles como Yucatán Transparente y Observatorio Judicial Ciudadano han solicitado reiteradamente que se publiquen los resultados completos de los concursos de oposición, así como los nombres de los integrantes de los comités de evaluación.
“No se trata de cacerías de brujas, sino de abrir las ventanas para que el Poder Judicial no sea percibido como un club privado de familias jurídicas”, expuso José Ignacio Méndez, vocero del observatorio.
Silencio institucional
Consultado sobre el tema, el área de comunicación del Poder Judicial se limitó a señalar que “todos los procesos de selección se realizan conforme a la ley y con apego a la transparencia”.
No obstante, dentro del gremio persiste la percepción de que la carrera judicial está marcada por apellidos conocidos: hijos, sobrinos o cónyuges de exmagistrados que ahora ocupan cargos estratégicos en juzgados civiles, familiares y penales.
Un litigante resumió la situación en una frase que circula entre abogados locales:
“En Yucatán, más que una carrera judicial, parece una carrera familiar.”
El impacto en la confianza ciudadana
Los analistas coinciden en que este fenómeno, aunque sutil, puede tener efectos profundos en la confianza pública hacia la justicia. La idea de que los vínculos personales pesan más que el mérito profesional erosiona la percepción de imparcialidad, especialmente en casos de alto impacto o con implicaciones políticas.
En un contexto donde la ciudadanía demanda instituciones más abiertas, el reto del Poder Judicial yucateco es claro: romper con la lógica del linaje y apostar por la del mérito.
“Si la justicia se hereda, deja de ser justicia”, concluye Cervera.
En la Yucatán el tema ha vuelto a tomar fuerza: ¿es el Poder Judicial de Yucatán un ejemplo de estabilidad o un sistema que se protege a sí mismo?
La respuesta, por ahora, permanece tras los muros de mármol de la sede judicial, donde los lazos familiares parecen tener tanto peso como los expedientes.
La Gaceta Yucatán—Redacción.



