En un espectáculo que combinó el poder del deporte con la fuerza de la cultura y la música, el Super Bowl LX vivió una de sus ediciones más eclécticas e impactantes este 8 de febrero de 2026 en el Levi’s Stadium de Santa Clara, California. El duelo entre los Seattle Seahawks y los New England Patriots no solo fue una batalla táctica sobre el césped, sino también un momento de resonancia social con el show de medio tiempo de Bad Bunny, artista puertorriqueño que transformó su actuación en un espacio de representación cultural y mensajes de unidad.
En el emparrillado: Seahawks imponen su ley
El encuentro deportivo fue dominado por los Seattle Seahawks, que se impusieron con un marcador de 29-13 sobre los New England Patriots para alzarse con el trofeo más codiciado de la NFL. La actuación defensiva fue determinante: con seis capturas de quarterback y tres balones recuperados, Seattle neutralizó las amenazas ofensivas de Nueva Inglaterra.
El corredor Kenneth Walker III fue nombrado MVP del Super Bowl tras un desempeño sobresaliente con 135 yardas por tierra en 27 acarreos, mientras que Jason Myers rompió un récord de Super Bowl con cinco goles de campo.
Más allá del marcador, se vivió un ambiente festivo con espectáculos previos a la hora cero: Charlie Puth interpretó el Himno Nacional y Brandi Carlile “America the Beautiful”, completando el escenario musical antes de que iniciara el show de medio tiempo.
Medio tiempo: cultura, crítica y símbolos latinos
El espectáculo intermedio, producido por Apple Music y Roc Nation, fue encabezado por Bad Bunny, marcando un hito histórico: su presentación fue una de las primeras mayoritariamente en español en la historia del Super Bowl y se interpretó como un manifiesto cultural sobre la identidad latina.
Con una escenografía que evocó paisajes caribeños, banderas del continente americano y un mensaje claro de inclusión —“Together, We Are America” (Juntos, somos América)— el artista utilizó su plataforma para celebrar raíces culturales y responder a tensiones sociales actuales, como las relaciones migratorias en Estados Unidos.
El gesto que prendió las redes
Uno de los momentos más comentados de la noche fue cuando Bad Bunny se acercó a un niño y le entregó uno de sus premios Grammy durante la actuación. El gesto fue capturado por las cámaras y rápidamente se viralizó, generando un intenso debate en redes sociales.
Sin embargo, **las versiones iniciales que aseguraban que el niño era Liam Conejo Ramos —el menor de cinco años que días atrás estuvo bajo custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en Texas y fue posteriormente liberado— **no se ajustan a los hechos verificados. Fuentes confiables confirmaron que el niño en escena no era Liam Ramos, sino un actor infantil llamado Lincoln Fox, parte de la narrativa visual diseñada para el show.
El caso de Liam Ramos, un menor que había sido detenido brevemente tras regresar del preescolar en Minneapolis junto a su padre, había provocado indignación pública por la manera en que se desarrolló su detención, lo que alimentó la especulación en redes.
El momento musical fue interpretado por muchos como simbólico: más que referirse literalmente a Ramos, representó una invitación a la siguiente generación de latinos a soñar y abrirse espacios, así como un recordatorio del poder de la música para hablar de identidades y esperanzas.
Un Super Bowl que fue mucho más que fútbol
Este Super Bowl 60 será recordado por distintos motivos:
- Victoria dominante de los Seattle Seahawks y una actuación deportiva destacada que coronó a un campeón sólido.
- Un espectáculo de medio tiempo cargado de símbolos culturales, con Bad Bunny celebrando la diversidad y conectando con millones de espectadores a través de mensajes de unidad e inclusión.
- Debate y confusión sobre un gesto artístico que tocó fibras sensibles en redes sociales, subrayando cómo los grandes eventos deportivos se han convertido en plataformas para discusiones sociopolíticas amplias.
En suma, la Super Bowl LX combinó el drama del mayor evento deportivo del año con discusiones culturales que trascienden el emparrillado, reforzando cómo el deporte, la música y los temas sociales se entrelazan cada vez más en el ojo público global.La Gaceta Yucatán—Redacción.



