El sarampión es una enfermedad infecciosa aguda altamente contagiosa causada por un virus del género Morbillivirus (familia Paramyxoviridae). Una sola persona infectada puede transmitir el virus a la mayoría de los individuos susceptibles en su entorno, advierte un comunicado de la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG).
Cómo se manifiesta el sarampión
El periodo de incubación del sarampión es de 10 a 14 días. La enfermedad se divide en tres fases clínicas bien definidas:
1. Fase prodrómica
- Síntomas iniciales: fiebre leve a moderada, malestar general, tos persistente, coriza (secreción nasal), dolor de garganta y conjuntivitis.
- Signo característico: las manchas de Koplik, lesiones blanquecinas en la mucosa oral que son patognomónicas del sarampión.
- Duración aproximada: 2 a 3 días.
2. Fase exantemática
- Aparece un exantema maculopapular eritematoso (sarpullido rojo) que comienza en la cara y detrás de las orejas y se extiende de manera descendente (cefalo-caudal) por brazos, tronco y extremidades.
- La fiebre aumenta abruptamente.
3. Fase de convalecencia
- El exantema desaparece gradualmente en un periodo de hasta 7 días, primero en el rostro y luego en cuerpo y extremidades.
- Puede haber descamación fina, y síntomas como la tos o hiperpigmentación de la piel pueden persistir hasta 10 días.
Transmisión: cómo se propaga el virus
El virus del sarampión se encuentra en la nariz y garganta de los infectados.
- Cuando tosen, estornudan o hablan, gotículas respiratorias con el virus se dispersan en el aire.
- Estas partículas pueden permanecer en el ambiente alrededor de una hora y depositarse en superficies donde el virus puede conservarse activo hasta dos horas.
- El contagio ocurre al inhalar las partículas o al tocar superficies contaminadas y luego tocarse ojos, nariz o boca.
Una persona con sarampión puede ser contagiosa desde 4 días antes de que aparezca el sarpullido hasta 4 días después.
Brotes recientes en México
En los últimos años se han detectado nuevos brotes de sarampión, vinculados a factores como:
- Disminución de la cobertura de vacunación.
- Movilidad poblacional y viajes internacionales.
- Desinformación y resistencia a vacunarse.
- Deficiencia de vitamina A.
- Interrupciones en programas de inmunización tras la pandemia de Covid-19.
Hasta el 3 de febrero de 2026, México acumula 8 332 casos confirmados y 26 defunciones.
En Jalisco, con 1 776 casos, la entidad ocupa el segundo lugar nacional por tasa de incidencia (12.3 casos por 100 000 habitantes).
Poblaciones más vulnerables
Tienen mayor riesgo de enfermedad grave:
- Lactantes menores de 5 años no vacunados.
- Personas inmunocomprometidas.
- Mujeres embarazadas.
- Adultos no vacunados o sin inmunidad previa.
- Comunidades con baja cobertura vacunal.
Vacunación: la barrera más eficaz
La vacuna triple viral (SRP) contra sarampión, rubéola y parotiditis es la medida preventiva más efectiva.
- Se aplica entre los 12 y 15 meses de edad, con refuerzo entre los 4 y 6 años.
- Su efectividad es de aprox. 93 % con una dosis y 97 % o más con dos.
- Puede administrarse de manera simultánea con otras vacunas (neumococo, influenza, hepatitis, BCG, hexavalente), siempre que se respete un intervalo mínimo con otras que contengan sarampión.
La vacunación masiva también genera inmunidad colectiva, protegiendo a quienes no pueden recibirla.
Complicaciones posibles
El sarampión puede desencadenar problemas graves, como:
- Neumonía.
- Otitis media.
- Encefalitis aguda.
- Diarrea severa y desnutrición.
- Incremento de mortalidad infantil.
A largo plazo, puede desarrollarse la panencefalitis esclerosante subaguda (PESS), una complicación neurológica poco común pero mortal.
Qué hacer ante sospecha de caso
Si se sospecha sarampión:
- Aislar al paciente inmediatamente.
- Notificar a autoridades sanitarias.
- Confirmar el diagnóstico con pruebas serológicas o moleculares.
- Activar medidas epidemiológicas: rastrear contactos y vacunar a personas susceptibles.
Mensaje final: ¡vacúnate!
El sarampión es una enfermedad grave pero prevenible. Cumplir con los esquemas de vacunación basados en evidencia científica es esencial para evitar brotes, proteger a los más vulnerables y avanzar hacia la eliminación del sarampión.
Por la Dra. María Valentina Toral Murillo, académica de la UAG.



